Eje microbiota-cerebro: cuando la ansiedad también se siente a nivel intestinal

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Hay días en los que una preocupación se nota en el cuerpo antes de poder ponerle palabras. Aparece un nudo en el estómago, cambia el apetito o surgen molestias. La relación entre la salud intestinal y la ansiedad puede ayudarnos a comprender estas experiencias, especialmente cuando el malestar digestivo empieza a influir en cómo vivimos y la seguridad sentimos.

 

La relación entre la salud intestinal y la ansiedad

El intestino y el cerebro mantienen una comunicación constante. En ella participa la microbiota que es, el conjunto de microorganismos que habitan en nuestro aparato digestivo. Este intercambio conocido como eje microbiota-cerebro, es una de las vías que se investigan para comprender mejor la conexión entre el bienestar físico y emocional.

Esa conexión funciona en ambos sentidos: una etapa de estrés puede afectar a la digestión, y las molestias intestinales pueden aumentar la preocupación. Sin embargo, la microbiota es solo una pieza de una realidad más amplia, en la que también cuentan nuestras experiencias, relaciones y circunstancias.

Por eso, escuchar «serán los nervios» suele resultar insuficiente. Que las emociones intervengan no hace que el dolor sea menos real ni significa que podamos detenerlo simplemente intentando relajarnos.

 

Qué puede aportar el acompañamiento psicológico

En consulta, el punto de partida es comprender tu experiencia: cuándo aparece el miedo, la ansiedad y qué has intentado hacer para sentirte bien. También importa saber cómo está siendo convivir con el malestar y si te has sentido escuchado.

A partir de ahí, el trabajo puede centrarse en reducir la anticipación y flexibilizar las interpretaciones más alarmantes. El objetivo es que una sensación digestiva deje de decidir automáticamente cómo será tu día

En el síndrome del intestino irritable, por ejemplo, la terapia cognitivo-conductual es una de las intervenciones reconocidas para ayudar a manejar los síntomas. Este abordaje puede acompañar la atención médica, sin atribuir de entrada cualquier problema digestivo a la ansiedad.

 

Microbiota y estado de ánimo: sin promesas de soluciones rápidas

Cuando llevas tiempo encontrándote mal, es comprensible que busques algo concreto que te ayude. Los mensajes sobre alimentos o probióticos capaces de mejorar la ansiedad y la depresión pueden despertar mucha esperanza.

Cuidar la alimentación puede formar parte del bienestar, pero no debería convertirse en otra exigencia ni hacerte sentir culpable por seguir teniendo síntomas. Tu salud emocional merece una atención que tenga en cuenta lo que estás viviendo, más allá de lo que comes.

 

Un espacio para volver a sentirte seguro

En Psicólogo Chamberí, puedes encontrar un espacio para abordar esa preocupación y trabajar hacia un objetivo cercano: Una buena relación entre la salud intestinal y la ansiedad.

Quizá el primer paso sea poder contar cuánto te está condicionando todo esto, sin restarle importancia. Si las molestias persisten, conviene buscar valoración médica.

 

 

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